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El caso sodalicio Vol. 3
Indigo
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By None
Current price: $2.99


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El abuso de poder se ejercía en el Sodalitium Christianae Vitae, organización católica peruana, desde una relación asimétrica en la que se aprovechaba una situación de fragilidad, debilidad o inferioridad. Era el abuso de la confianza desde una posición de poder, en la que Luis Fernando Figari y otros jerarcas, asumiendo roles de "padres", de "guías espirituales", de "instructores", de "consejeros", de "confesores", de "formadores", de "superiores", iban anulando el pensamiento crítico de sus seguidores. Ello, en el Caso Sodalicio, se daba bajo un ropaje religioso para someter a menores de edad o adultos jóvenes a través de métodos de captación y de manipulación, a los que luego se sumaban mecanismos de coerción que apelaban al maltrato físico y psicológico, con el propósito de hacerse de sus mentes y de sus cuerpos. En los casos extremos, una vez que los adeptos habían sido moldeados y quebrantados en su voluntad, y emasculados de su espíritu de independencia, se producían los abusos sexuales perpetrados por algunos de los líderes de la institución.
Este abuso de poder se prolongó durante cerca de cuarenta años, y se desarrolló gracias al silencio cómplice de una cúpula indolente, la anuencia de líderes inescrupulosos y la indiferencia de las más altas autoridades del clero que prefirieron mirar hacia otro lado en lugar de enfrentar esta cultura totalitaria en la que la violencia hizo metástasis y se convirtió en "normal".
El abuso de poder se ejercía en el Sodalitium Christianae Vitae, organización católica peruana, desde una relación asimétrica en la que se aprovechaba una situación de fragilidad, debilidad o inferioridad. Era el abuso de la confianza desde una posición de poder, en la que Luis Fernando Figari y otros jerarcas, asumiendo roles de "padres", de "guías espirituales", de "instructores", de "consejeros", de "confesores", de "formadores", de "superiores", iban anulando el pensamiento crítico de sus seguidores. Ello, en el Caso Sodalicio, se daba bajo un ropaje religioso para someter a menores de edad o adultos jóvenes a través de métodos de captación y de manipulación, a los que luego se sumaban mecanismos de coerción que apelaban al maltrato físico y psicológico, con el propósito de hacerse de sus mentes y de sus cuerpos. En los casos extremos, una vez que los adeptos habían sido moldeados y quebrantados en su voluntad, y emasculados de su espíritu de independencia, se producían los abusos sexuales perpetrados por algunos de los líderes de la institución.
Este abuso de poder se prolongó durante cerca de cuarenta años, y se desarrolló gracias al silencio cómplice de una cúpula indolente, la anuencia de líderes inescrupulosos y la indiferencia de las más altas autoridades del clero que prefirieron mirar hacia otro lado en lugar de enfrentar esta cultura totalitaria en la que la violencia hizo metástasis y se convirtió en "normal".


















