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El Pekín Express Canino II. Confinamiento en India
Indigo
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By None
Current price: $6.99


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Size: Kobo eBook
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En marzo de 2019 mi perra Cocaí y yo salimos de Madrid con una mochila, una tienda de campaña y una misión entre ceja y ceja: llegar a China a dedo. Un viaje que bauticé como el “Pekín Express Canino”. No llegaríamos a Pekín –nos pilló la pandemia cuando andábamos por India– ni sería exprés, pero canino fue un rato: además de viajar con perro por Turquía, Georgia, Armenia, Irán, Pakistán e India y sumergirnos en sus apasionantes culturas humanas y perrunas, sumamos una nueva peluda al equipo en el desierto de Rajastán: Chai. Tres años después volvimos a casa con una perra india y un camino plagado de aprendizajes, aventuras trepidantes y seres maravillosos. Nuestro periplo por Asia se divide en tres partes o viajes en sí mismos: Nueva Delhi Express, Confinamiento en India y Madrid Express.
EL CONFINAMIENTO EN INDIA (marzo de 2020 – febrero de 2021). Vivir un año de pandemia en India fue una de las cosas más locas que jamás haya experimentado. Los comienzos con la policía pegando palos y poniendo castigos surrealistas a quien saliese de casa nos tocaron en el tórrido sur, en Pondicherry. Confinados con otros viajeros en una casa que se caía a pedazos, fuimos discriminados como nunca antes por parte de vecinos, policía e incluso los dueños de la casa. Hasta que, de un día para otro, se relajó la cosa: abrieron los negocios, los transportes volvieron a circular, los templos petados como siempre… y ni un alma con mascarilla. Parecía que no había coronavirus en el país, salvo por el hecho de que no podíamos salir de Pondicherry. Allí estuvimos siete meses (nos mudamos a un hostel) y dediqué gran parte del tiempo a los perros callejeros y ayudar a organizaciones animalistas locales. Además, hicimos las mayores amistades del viaje, incluido un chico de Hyderabad y su gato, con quienes haríamos un viaje multiespecie épico de un mes hasta el norte del país, cuando por fin levantaron las restricciones de movimiento entre estados. En Rishikesh vivimos tres meses en un antiguo ashram (templo hindú) y fue seguramente donde fuimos más felices y libres los tres.
En marzo de 2019 mi perra Cocaí y yo salimos de Madrid con una mochila, una tienda de campaña y una misión entre ceja y ceja: llegar a China a dedo. Un viaje que bauticé como el “Pekín Express Canino”. No llegaríamos a Pekín –nos pilló la pandemia cuando andábamos por India– ni sería exprés, pero canino fue un rato: además de viajar con perro por Turquía, Georgia, Armenia, Irán, Pakistán e India y sumergirnos en sus apasionantes culturas humanas y perrunas, sumamos una nueva peluda al equipo en el desierto de Rajastán: Chai. Tres años después volvimos a casa con una perra india y un camino plagado de aprendizajes, aventuras trepidantes y seres maravillosos. Nuestro periplo por Asia se divide en tres partes o viajes en sí mismos: Nueva Delhi Express, Confinamiento en India y Madrid Express.
EL CONFINAMIENTO EN INDIA (marzo de 2020 – febrero de 2021). Vivir un año de pandemia en India fue una de las cosas más locas que jamás haya experimentado. Los comienzos con la policía pegando palos y poniendo castigos surrealistas a quien saliese de casa nos tocaron en el tórrido sur, en Pondicherry. Confinados con otros viajeros en una casa que se caía a pedazos, fuimos discriminados como nunca antes por parte de vecinos, policía e incluso los dueños de la casa. Hasta que, de un día para otro, se relajó la cosa: abrieron los negocios, los transportes volvieron a circular, los templos petados como siempre… y ni un alma con mascarilla. Parecía que no había coronavirus en el país, salvo por el hecho de que no podíamos salir de Pondicherry. Allí estuvimos siete meses (nos mudamos a un hostel) y dediqué gran parte del tiempo a los perros callejeros y ayudar a organizaciones animalistas locales. Además, hicimos las mayores amistades del viaje, incluido un chico de Hyderabad y su gato, con quienes haríamos un viaje multiespecie épico de un mes hasta el norte del país, cuando por fin levantaron las restricciones de movimiento entre estados. En Rishikesh vivimos tres meses en un antiguo ashram (templo hindú) y fue seguramente donde fuimos más felices y libres los tres.


















