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El sol no despierta a los muertos: Historias macabras de almas oscuras
Indigo
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El sol no despierta a los muertos: Historias macabras de almas oscuras
Current price: $15.99


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"Este libro no pide permiso ni perdón. Lo que se ofrece aquí no se lee: se consume con la voluntad quebrada de quien responde a la llamada del miedo. Es un gualicho narrativo que fermenta entre médanos, jagüeles y cuerpos que no saben si están vivos, muertos o en tránsito. El sol no despierta a los muertos, pero sí los exhibe en toda su dimensión decadente, como heridas abiertas. Cada cuento es una estación de penitencia, una vuelta más al cordón que nos ata a lo que no se puede nombrar. El número trece marca el compás, no como superstición, sino como estructura ritual. Si en Ataúdes vacíos la autora glorificaba lo macabro, aquí lo encarna, lo vuelve espejo. Y cuando todo nos previene de que debemos alejarnos del dañino reflejo, la adicción a lo perverso ya nos puso frente a esa imagen distorsionada que no es otro que uno mismo. Hay belleza, sí, pero de esa que duele. No espere redención, piedad o moraleja. Da igual si cierra el libro o lo deja abierto. Siempre sabrá que algo lo ha contaminado. Algo que, como una sombra china tras el delicado papel de arroz que separa lo abominable de lo real, lo invita a desentrañar ese misterio que llevamos escrito en nuestra propia cara" (Diana Tori).
"Este libro no pide permiso ni perdón. Lo que se ofrece aquí no se lee: se consume con la voluntad quebrada de quien responde a la llamada del miedo. Es un gualicho narrativo que fermenta entre médanos, jagüeles y cuerpos que no saben si están vivos, muertos o en tránsito. El sol no despierta a los muertos, pero sí los exhibe en toda su dimensión decadente, como heridas abiertas. Cada cuento es una estación de penitencia, una vuelta más al cordón que nos ata a lo que no se puede nombrar. El número trece marca el compás, no como superstición, sino como estructura ritual. Si en Ataúdes vacíos la autora glorificaba lo macabro, aquí lo encarna, lo vuelve espejo. Y cuando todo nos previene de que debemos alejarnos del dañino reflejo, la adicción a lo perverso ya nos puso frente a esa imagen distorsionada que no es otro que uno mismo. Hay belleza, sí, pero de esa que duele. No espere redención, piedad o moraleja. Da igual si cierra el libro o lo deja abierto. Siempre sabrá que algo lo ha contaminado. Algo que, como una sombra china tras el delicado papel de arroz que separa lo abominable de lo real, lo invita a desentrañar ese misterio que llevamos escrito en nuestra propia cara" (Diana Tori).


















